3 elementos imprescindibles para mejorar el discurso de ventas

Como emprendedores vamos a tener que realizar discursos de venta. Puede que no siempre a la manera habitual en la que se hacen esos discursos, pero en multitud de situaciones vamos a tener que usar la palabra para convencer al otro de que haga lo que deseamos.

 

En el reciente curso para persuasión maestra esa fase se trata a fondo, se proporciona un método probado y sencillo para plantear y crear la estructura nuestros discursos verbales persuasivos, así como una guía de elementos para hacerlo más efectivo.

 

Tres de esos elementos son los siguientes.

 

1.- Conseguir La implicación del otro


¿Quiere saber cómo de enganchado tiene a alguien con su discurso persuasivo? El mejor indicador es cuánto se implica en la interacción.

Si pregunta, toca, participa, quiere probar, aportar, etc, es que tenemos su interés. Si no dice nada, le decimos que pruebe y él prefiere pasar, si apenas escucha pasivamente… No lo estamos enganchando del todo.

 

¿Qué podemos hacer en el discurso persuasivo para obtener este valioso elemento? Lo provocamos, porque como siempre esto va en dos direcciones, alguien se implica porque está interesado, pero si conseguimos que se implique en primer lugar, acabará interesándose más.

 

Intente hacer todo lo interactivo y participativo que pueda su discurso de persuasión. Volviendo al ejemplo de Apple, te incitan a tocar y manosear todo lo que puedas el producto, porque saben (y está demostrado por múltiples estudios) que cuanto más tocas algo más lo quieres, cuanto más te implicas, más lo deseas.

 

La mejor manera de bajar las ventas en su tienda es poner uno de esos carteles de “no tocar”. Si alguien quiere algo, enséñeselo, que se lo pruebe, que lo toque, que maniobre, que se implique.

 

Una buena manera es conjuntar la interacción con la prueba en primera persona.

 

2.- Tener un conocimiento íntimo del producto

 

Es condición “sine qua non” que tengamos un conocimiento íntimo de la oferta que estemos proponiendo.

 

Lo ideal, de hecho, es que si estamos vendiendo, nosotros mismos seamos usuarios del producto y podamos contar de primera mano lo bien que funciona (un tipo de historia de prueba).

 

No hay nada más desalentador que esos comerciales mal pagados y con contrato precario, que apenas duran dos semanas en una empresa y que, cuando te intentan vender, se quedan mudos ante las primeras preguntas que hacemos sobre el producto, porque no lo conocen íntimamente.

 

Queremos que el persuadido se implique, y si lo hace es muy posible que pregunte dudas e inquietudes, tenemos que tener respuesta para eso.

 

El tema principal con este elemento es que, como no lo tengamos, lo vamos a pasar mal, no es el truco que vaya a conseguir persuadir al otro, pero como no esté, se nos cae la casa en un momento.

 

3.- La pasión en el discurso

 

Recordemos algo muy importante que hemos aprendido en el curso: las emociones se contagian.

 

Si estamos muy apasionados por lo que proponemos, no sólo podremos intentar contagiar la emoción, es que seremos percibidos además como más sinceros y convincentes.

 

Sin embargo, si nosotros mismos no tenemos una pasión por lo que proponemos, ¿cómo queremos que surja en el otro y nos responda con un convencido “sí”? No es posible eso.

 

Uno de los mejores vendedores del mundo, Billy Mays, siempre decía que el primer requisito para elegir un producto que iba a promocionar (las empresas se lo rifaban y le ofrecían tratos millonarios por hacerlo) era creer en él con todas sus fuerzas, qué él mismo estuviera tan convencido de que era bueno, que quisiera usarlo y predicar a los cuatro vientos sus maravillas.

 

Siguiendo con el ejemplo de Apple, su objetivo no es crear clientes, es crear evangelistas, gente tan apasionada por el producto que ha comprado, que no tiene más remedio que ir contándoselo y enseñándoselo a sus amigos.

 

No hay una fuerza comercial más poderosa que esa, es el mismo fenómeno por el cual una película, excelente pero desconocida, va poco a poco haciéndose famosa mediante el “boca-oreja”. Alguien genuinamente apasionado por algo, especialmente cuando no recibe nada a cambio de hablar del tema, tiene un poder de persuasión casi infinito comparado con un vendedor a sueldo.

 

Imprima pasión al discurso y convencerá más con las mismas palabras.

 

Fuente de Información............


 

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